SEGUIR A JESÚS, A LA MANERA DE IGNACIO

| diciembre 15, 2016 | Comments (0)

Responder con un sí a la llamada a ser jesuita, implica dejar todo y seguir a Jesús a la manera de Ignacio de Loyola. En qué consiste eso El Pai José Ortega nos responde en esta entrevista, en donde además nos cuenta sobre las persecuciones que sufrió en época de la dictadura, su historia vocacional, su filosofía de vida como religioso y por qué quiso venir a misionar al Paraguay.

¿Cómo empezó su inquietud vocacional?

Empezó cuando yo estaba en un colegio de los jesuitas al Sur de España. Hablando con un Padre me preguntó si no quería ayudar a salvar a las personas que no conocían a Jesús, y bueno me enredó y aquí estoy. En ese año fui al seminario de los jesuitas en donde estuve tres años, y en setiembre del 1958 entré al noviciado.

¿Cuántos años tenías cuando estudiabas el magisterio?

Tenía 14 años. Al noviciado jesuita entré a a los 17 años.

¿Cómo surgió la idea de venir a Paraguay?

Cuando yo estaba en el segundo año del noviciado, la provincia de Andalucía de España ayudaba a la provincia de Japón. Pero creo que fue después de mi segundo año de noviciado que se le encargó a Paraguay, o sea, que Andalucía ayudara a Paraguay. Antes a Paraguay le ayudaban los catalanes. Entonces en la visita canónica que el provincial hacía cada año durante el juniorado yo le pedí que me mandara a Paraguay. Cuando se cambió de provincial, el anterior dejó por escrito mi pedido de venir a Paraguay. El provincial nuevo  que había entrado me preguntó si ese pedido seguía en píe, y le dije que sí. Al terminar la visita me mandó para Paraguay.

¿Por qué querías venir a Paraguay?

Porque le habían encomendado a la provincia de Andalucía, entonces, si le encomendaron a la provincia Andaluza que cuide de la provincia, en aquel entonces Paraguay, quería decir que la provincia de Andalucía debía ayudar al Paraguay económicamente y con misioneros. Entonces era más fácil salir a misionar al sitio que nos encomendaron.

¿Qué sabía de Paraguay antes de venir?

Sabía muchas cosas, por ejemplo toda la historia de San Roque González de Santacruz, toda la historia de los misioneros, también ya había leído la historia y geografía del Paraguay. Todo eso ya lo estudié allá. Recuerdo que tomábamos mate en España, porque había dos paraguayos que estaban estudiando con nosotros en córdoba. Los mandaron allá y entonces hacíamos nuestra pequeña peña, tomábamos mate y así aprendíamos. De mi curso vinimos tres jesuitas y de esos tres nos quedamos dos. El otro que queda es el Pa’i Emilio Vesa, ahora mismo está como superior.

¿Una vez que llegaste a Paraguay cuáles fueron tus primeras actividades?

Llegamos el 13 de setiembre, vinimos en barco hasta Río de Janeiro, en Río esperamos dos días y nos mandaron en un avión hasta Asunción y después en Asunción estuvimos una semana para arreglar los papeles y luego fuimos a San Ignacio a estudiar guaraní. El Pa’i Vicente Barreto era nuestro profesor de Guaraní. Estudiamos canciones en guaraní, el Pa’i Caravias nos decía que cantando se aprendía más. ¿Te costó aprender guaraní? Sí me costó, pero cuando las cosas se hacen con entusiasmo no cuesta. Tampoco es difícil en cuanto a la sintaxis y a la gramática, lo que más cuesta es la pronunciación. En San Ignacio con pa’i Barreto estudiábamos todo los libros, recuerdo  que uno de ellos era el Guaraní a su Alcance, También estudiábamos la gramática, la sintaxis del padre Guasch, las lenguas, todo eso sabíamos, pero nunca hablábamos bien. Fuimos a Santa Rosa Misiones y seguí con el guaraní, con Pa’i Ayala. El criaba a un montón de mita’i a quienes daba de comer y los mandaba a la escuela. Él era veterano y con ellos practicábamos y salíamos al campo a practicar guaraní y así es como aprendí más rápido.

¿Qué trabajo usted estaba haciendo antes de su exilio y cuál fue el motivo de su exilio?

El motivo por el cual me exiliaron fue por trabajar con las vías agrarias. En aquél entonces era el párroco de Santa Rosa Misiones, pero no vivía en el pueblo, los campesinos de las ligas me habían hecho una casita en una comunidad que se llama Potrero Alto y yo vivía ahí al lado de la casa de una familia. Ahí tenía una escuela, le enseñaba a los mita’i el castellano y ellos me enseñaban el guaraní, y así íbamos aprendiendo. También ayudaba a los niños con el refuerzo escolar, porque en esa época no había escuelas campesinas, eso se había suprimido todo, el gobierno las había quemado. En la mañana trabajaba con los campesinos en la chacra. Los sábados de tarde me iba al pueblo a hacer la misa, los domingos de mañana tenía la misa en guaraní y si había bautizo hacía eso y me volvía al campo. Era una experiencia de trabajo muy linda. Al final se insistía más en una comunidad eclesial de base. La organización como ligas estaba muy bien organizada, pero decidieron acabarla porque eran muy serias las persecuciones que se estaban haciendo. Yo vivía en esa comunidad, y creo que no había ni un solo cabeza de familia que no hubiera ido preso, y la razón era simplemente porque habíamos usado su casa para hacer cursos de bautizo o cursos de matrimonio. Como no teníamos capillas hacíamos eso en la casas. Habían declarado estado de sitio y prohibieron las reuniones. Entraban y llevaban preso al óga jara, lo tenían unos días en San Juan y  lo soltaban. Yo me iba para hacer la semana Santa en el Pueblo y mis amigos del pueblo me dijeron: pa’i no te conviene que vayas el domingo al campo porque están detrás de ti, ven a dormir acá. Entonces adelanté la ceremonia y fui a dormir a Santa Rosa, el lunes fui al campo y el martes de pascua me entregué. El lunes teníamos reunión en San Ignacio pero la gente no se presentó, estábamos solamente los curas. Y como nadie fue esa tarde fui a Santa Rosa. A la mañana temprano una hermana me vio cuando estaba yendo para mi casa y me dice vinieron a buscarte con la camioneta en la que se llevan a todos ¿qué vas a hacer?. Me voy para mi casa le dije, y me fui. Por el camino un campesino con su carreta que se cruzó conmigo, me paró y me dijo: ¡pa’i te están buscando, ayer vinieron ya a buscarte! y le dije: bueno está bien gracias ya lo sabía, y seguí para mi casa. Para llegar pasé por la comisaría y el sub alcalde estaba ahí, con él solíamos jugar al fútbol y todo eso, me paró y me dijo: pa’i vinieron los jefes ayer y preguntando por vos, me dijeron que si aparecías te dijera que te vayas conmigo porque que necesitan hacerte unas preguntas. Bueno le dije, pero voy a llegar primero a mi casa a comer algo, mira la hora que es y todavía no comí. ¡Ah sí andate nomas, me dijo, mientras yo busco con qué nos vamos al pueblo. Él no tenía vehículo y tampoco había celular para avisar nada.  Cuando salí me despedí de mi gente, de los campesinos de ahí. Levaba mi bolsito con un jersey adentro y el pasaporte, unas sandalias de esas que se meten en el dedo y ya está, y al salir había parado un señor que venía con una moto, lo dejó allí y íbamos yo delante y él detrás hasta la comisaría de Santa Rosa. Ahí llegó la camioneta que me llevó a San Juan y de San Juan esa misma noche a Asunción y a la mañana siguiente me metieron el Clorinda por Ita Enramada y esa es toda la historia. Me interrogaron pero solo me hicieron preguntas simples sin violencia.

¿Qué labor es la que más te gustó hacer en estos años siendo jesuita?

Ser párroco en el campo, siempre en el campo, mi vocación siempre fue campesina. Tenía allá en Andalucía compañeros que trabajaban en la misión obrera, y yo decía que en Paraguay no había obreros ni ambiente para vivir de cura obrero, pero sí campesinos, vivir como cura campesino y eso es lo que hice. También trabajar con las parroquias, esos años en Santa Rosa para mi fueron extraordinarios, fue mi primera parroquia. Esa experiencia fue tan gratificante, la respuesta al trabajo, el campesinado organizado, las ligas eran maravillosas. Como comenté antes, estaba prohibido que estén reunidos y si había alguna reunión era clandestina, de noche. Una forma muy práctica de tener reuniones era por ejemplo tener mingas juntos, se paraban un rato, tomaban tereré y mientras estaban trabajando o estaban tomando tereré estaban conversando, y eso no se lo pueden prohibir a un paraguayo ajepa? Y en las migas se hablaba mucho y se organizaban recogiendo algodón, carpiendo, trabajando, así ellos hacían reuniones.

¿De qué hablaban en las reuniones?

Siempre de la organización, como organizarse mejor cuando las cosas se ponían feas, como defenderse mejor de la policía, de los pyragues, si alguien informaba  quien era el pyrague también. Eso se usaba para informar lo que estaba pasando en otro sitio porque no teníamos informe y todo era radio so’o. Ahí se organizaba todo, las reuniones, los encuentros, los temas.

¿Cómo podrías definir  qué es ser jesuita?

No creo que  haya nadie que te pueda dar esa respuesta, por varios motivos, hay cosa generales como las constituciones que es un modo de vivir, tenemos nuestros votos y nuestra manera de vivir los votos, tenemos nuestro teko ‘’ja’e chupe’’ jesuita haicha, pero todo eso está hoy muy cambiado, hasta las congregaciones generales, la  última que hemos tenido tiene diferencias con las anteriores, empezando con que apenas hay tres decretos nada más y antes había toneladas de decretos. Vamos aprendiendo que el papel con mucha frecuencia se queda en papel mojado. El papel lo aguanta todo lo sufre todo y hay que implicarse más en la vida ¿Qué es ser jesuita para mí? Es el seguimiento de Jesús a la manera de Ignacio, pero lo principal para un jesuita es Jesús. Jesús y su proyecto, eso vivido a la manera de Ignacio. La manera de Ignacio concretamente para mí son dos cosas, o si quieres una. Que son los ejercicios espirituales y una conclusión que sale de ahí es el tema del discernimiento, yo creo que eso nos marca a los jesuitas y en la medida de que no lo hacemos el discernimiento estamos fallando como jesuitas aunque estemos metidos en la orden y seamos superiores, y justamente el decreto principal de esta congregación vuelve a hablar de eso, del discernimiento que tenemos que hacer. Se debe hacer discernimiento de todo. ¿Qué usted le diría a un joven con inquietud vocacional? Primero me pondría contento, pero le diría: medita y reza el evangelio e  intenta vivirlo como hizo Ignacio de Loyola y déjate conducir por el espíritu, no por la comodidad ni por los lujos ni las cosas que sean, no. Hay  que discernir. ¿Para que las vocaciones? Para que sean jesuitas, pero ¿qué clase de jesuitas? ¿qué estilo de jesuitas? ¿Con qué objetivo quiere ser jesuita?. ¿Por qué yo me tiré por el campo? Porque bueno yo ni sabía que había campesinos. Lo descubrí acá sino probablemente me hubiera inclinado por los indígenas si no hubieran campesinos. Me tiré por el campesinado. Yo decía ¿para qué venir aquí para enseñar en un como el Cristo Rey? en Andalucía hay colegios en donde enseñar, no necesito venir hasta aquí para hacer eso. Yo quería hacer aquí cosas que no hayan en Andalucía y que son necesarias, y una de ellas era esa, trabajar con el campesinado y ¿cómo hacerlo?  Con las parroquias campesinas. En los años que estuve en san pedro ya no fui párroco, pero fue otra experiencia libre más bien ayudando al párroco con misas en las distintas comunidades pero sobre todo en formación bíblica, dedicarme a la formación bíblica, porque es lo más necesario, conseguí que la diócesis de San Pedro me declarara subdelegado en la comisión nacional bíblica y entonces yo en San Pedro tenía el privilegio de poder ir por todas las parroquias para dar cursos bíblicos a los catequistas, y recorrí todas prácticamente y por todo el norte, recorrí con la escuela de fe y alegría con la formación bíblica.

Categoria: Noticias