CARTA DEL PROVINCIAL

| marzo 17, 2017 | Comments (0)

El domingo 29 de enero hemos celebrado una eucaristía, sencillamente gozosa, en el templo de la Parroquia Cristo Rey como agradecimiento profundo a Dios por los servicios prestados por nuestro querido amigo y hermano el Padre Alberto Luna como Superior Provincial y porque nos hemos sentido nuevamente invitados por ÉL para estar con ÉL en su misión como humildes colaboradores. Esta experiencia de sentirnos convidados a formar parte de la misión de Dios nos llenó y nos llena de consuelo, de esperan-za y desafíos. Apasiona descubrir que el sentirnos colaboradores de la misión de Dios nos lleva a visualizar un horizonte nuevo en nuestro modo de ser creyente en el Dios de Jesús en nuestro aquí y ahora como cuerpo apostólico. Con la invitación se nos hace visible que Dios no quiere realizar su obra redentora en forma individual, solitaria, sino comunitariamente. Su modo de hacer historia es creando lazos con otros, caminando con otros. Él cuenta con nosotros para generar fecundidad.

Amigos/as el modo de Dios es nuestro horizonte misional como cuerpo apostólico, desde ahí, el carácter corporativo, colaborativo será la impronta genuina de nuestro genuino andar ignaciano en la provincia paraguaya, en donde estamos comprometidos en una gran diversidad de apostolados y que requiere de nosotros un gran esfuerzo. En este contexto diverso y complejo de apostolado múltiple los trabajos colaborativos se convertirán en el marco necesario para que nuestra acción sea la adecuada en clave de fecundidad. Seremos fecundos si como cuerpo apostólico vamos viviendo el evangelio como novedad. Seremos fecundos en la medida en que nos abramos sinceramente a lo nuevo y sorprendente de Dios, que hoy por hoy, pasa por la apertura generosa a la diversidad, al otro distinto y por la creatividad, en el trazar juntos la senda que más nos conduce al Dios de la vida y al hermano necesitado.

El modo corporativo refuerza nuestra identidad ignaciana, es el lazo invisible que nos une a Cristo, por lo tanto, es el instrumental testimonial más decisivo que todas nuestras competencias o capacidades. Si perde-mos este carácter de cuerpo apostólico, necesariamente habremos envenenado el modo genuino de nuestro ser y proceder como ignacianos.

Amigos míos es bueno soñar, les invito a que soñemos hacer del cuerpo apostólico de la provincia para-guaya una transparencia de la misericordia, de la apertura, de la generosidad y de la eficacia. Más nos vale que nos manchemos las manos caminando por la senda de la colaboración, construyendo redes capaces de mantenernos interconectados entre personas, obras, grupos, movimientos…, porque bien sabemos que mien-tras más incertidumbre y complejidad existan en nuestro entorno, mayor es la necesidad de una colaboración para asegurar que el cuerpo apostólico sea capaz de adquirir las competencias y habilidades necesarias para lidiar con los complejos retos que nos esperan como provincia.

Finalmente, podemos repetir que la colaboración que anhelamos en la provincia, no es simplemente una estrategia pastoral sino que es parte constitutiva del modo de proceder en misión de la Compañía de Jesús.

Con cariño.

P. Ireneo Valdez, SJ.

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