ORIENTACIONES PARA UNA POLÍTICA PROVINCIAL

| abril 21, 2017 | Comments (0)
 Queridos compañeros:
Les quiero señalar algunas ideas que nos orientará en nuestro caminar como provincia paraguaya. En primer lugar quiero tener presente la salud del cuerpo apostólico que formamos religiosos y laicos.  Mi preocupación es por el fortalecimiento integral de los miembros que formamos parte del mismo. Se puede decir que mi opción es más “ad intra” que “ad extra”. No podemos descuidar a las personas que llevan adelante la misión, ver cómo están, su salud, sus aspiraciones o deseos, cómo se sienten al frente de sus funciones, ver a sus familiares y seres queridos, etc. Es importante sentir con el otro que te acompaña en la misión. Animarnos mutuamente porque ya hemos creado lazos de amistad y afecto mutuo, pero se trata de fortalecerlos.
Del cuerpo apostólico formamos parte religiosos y laicos, todos somos colaboradores de la Misión de Dios como compañeros de Jesús para este mundo. Pero lo hacemos como un aporte humilde desde el carisma de Ignacio y sus compañeros. Deseo que el laico se sienta íntimamente unido, integrante pleno, de esa Misión universal de Cristo. Que sienta al religioso como un compañero más, como un miembro cualificado que junto con él hacen posible la colaboración en la Misión de Dios dentro de un cuerpo apostólico.
Solamente con un cuerpo apostólico sano, dinámico y unido podrá seguir causando impacto en nuestra sociedad como lo ha hecho en otros tiempos y como deseamos lo siga haciendo en el futuro.
De ahí veo que serían 3 instancias que tendrían que priorizarse en la provincia de una manera conjunta: por un lado, la promoción vocacional, que por una adecuada pastoral juvenil se presente el ideal de servicio por medio de la consagración religiosa y se incentive la entrada de nuevos miembros al cuerpo apostólico. Para ello será crucial seguir creciendo en redes juveniles ignacianas, crear espacios donde los jóvenes se sientan atraídos y motivados para encontrarse. Sin olvidar el compromiso social, especialmente en este trienio de la juventud declarado por la Iglesia universal.
Por otro lado, potenciar el Centro de Espiritualidad “Santos Mártires” de Limpio en su función de ayudar a trasformar a las personas desde la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio y con suma creatividad para llegar a todas nuestras obras de la provincia. Esto debe dar como fruto unas personas más comprometidas, más profundas en el conocimiento interno del Cristo pobre, y que se notan en las relaciones interpersonales.
Y también, por otro lado, potenciar el Centro de Estudios Paraguayos “Antonio Guasch” (CEPAG), como institución dedicada a lo social, que promueva la promoción y la formación integral de las personas menos favorecidas o excluidas del sistema, como indígenas, campesinos y los pobres urbanos. Deseo que el CEPAG articule programas de formación y promoción humana de modo a ofrecer una respuesta institucional al problema de los pobres marginados de nuestra sociedad. Ya debemos abandonar la práctica de políticas personalistas y asistencialistas; es decir, aquellas que conducen, consciente o inconscientemente, al protagonismo personal y a la mera asistencia. Esas maneras de actuar no conducen a nada, porque una vez retirado el promotor social se acaba todo.
Quiero hacer un llamado general a toda la provincia jesuítica para que asumamos los logros, fracasos y decisiones tomadas en otros tiempos, pero con serenidad delante del Cristo que nos llama y nos anima en la misión. Tendríamos que pensar en una nueva estructuración provincial. Que podamos reconocer con humildad nuestros errores, nuestros límites, y que agradezcamos a Dios por tantos logros que se han dado a lo largo de nuestra historia. Así, quisiera mencionar el gran impacto que han generado las “sentatas” organizadas por alumnos del colegio Cristo Rey, como así también todo el proceso de trasformación e innovación educativa que se está promoviendo en nuestros colegios. Ojalá nuestras instituciones educativas se conviertan en centros donde se ofrezcan oportunidades reales de aprendizaje y así contribuyan eficazmente para la transformación social de nuestro país, en clave de justicia, igualdad y fraternidad.
Finalmente, quiero hacer una invitación especial para que no nos durmamos sobre los laureles, como se dice. Que sigamos organizando acciones concretas de impacto social y nacional. Que nuestra respuesta, como cuerpo apostólico, ante los problemas y desafíos de nuestro país, sea institucional, bien pensada y organizada, de modo que sea un golpe claro y certero. Y, haciendo honor a mi origen campesino, quisiera que nuestras acciones se conviertan en fuego, pequeño pero que queme, que ayude a encender otros fuegos, que toque los corazones de otras personas o instituciones, y así vayamos impactando en las sociedades que nos toca vivir.
Me despido de Uds. deseando que celebremos todos juntos la Pascua del Señor.

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