Reducciones Jesuíticas

En 1549, nueve años después de la fundación de la Compañía de Jesús, San Ignacio de Loyola envió algunos jesuitas al Brasil. En 1587 algunos de ellos llegaron al Paraguay para trabajar con los indios, pero la misión debió abandonarse por la falta de apoyo. Afortunadamente el obispo franciscano de Asunción pidió ayuda al General de los Jesuitas, el P. Claudio Acquaviva y en 1607 este nombró al P. Diego de Torres Provincial de la nueva Provincia Jesuítica del Paraguay, que incluía los territorios actuales de Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay y partes del Brasil. Un territorio de 490 mil kilómetros cuadrados. Así comenzó la titánica obra que llegó a incluir los famosos 30 pueblos, que según el P. Bartomeu Meliá, fueron una Utopía, “un proyecto anti colonial en la colonia”, en donde un puñado de unos 50 ó 60 sacerdotes administraban y orientaban a más de 140.000 indios, durante unos 170 años. Originalmente, eran ochenta reducciones pero en la actualidad quedan solo treinta, de las cuales siete se encuentran en territorio del Paraguay”.

  • San Ignacio Guazú. Es la primera reducción jesuítica del Paraguay y fue fundada en 1609 por los padres Marcial de Lorenzana y Francisco de San Martín, con apoyo del cacique Arapizandú. Casi sobre sus ruinas se encuentra la actual ciudad de San Ignacio de las Misiones, a 226 km de Asunción. En San Ignacio se encuentra quizá el museo más completo de las reducciones jesuíticas del territorio paraguayo.
  • Santiago. La reducción de Santiago fue fundada en 1651. Se cree que el nombre de Santiago se debe al santo que representa el triunfo cristiano sobre los moros y, en este caso, era para contrarrestar los ataques de los Bandeirantes. Está ubicada a 258 km de Asunción, en las proximidades de Ayolas. Fue una de las reducciones más pequeñas, pero la que mejor conserva las tallas de madera, expuestas en el museo jesuítico de Santiago. es la única que posee un retablo original completo.
  • Santos Cosme y Damián. En 1632 fue fundada la reducción que lleva el nombre de dos hermanos santos: Cosme y Damián. Se encuentra a 342 km de la capital. Se destaca por los estudios astronómicos que se realizaron en la época de las reducciones. Hasta hoy se conserva el antiguo observatorio astronómico, un enorme reloj de sol y un túnel que desemboca en el río Paraná.
  • Jesús del Tavarangue. Ubicada en la ciudad de Jesús del Tavarangue, fue fundada en 1658 y declarada Patrimonio Universal de la Humanidad en 1993 por la Unesco. Es la única que tiene características del estilo morisco, con tres grandes portales y varias edificaciones bien conservadas.
  • Nuestra Señora de la Santísima Trinidad. Fundada entre 1706 y 1712, la reducción de Nuestra Señora de la Santísima Trinidad también fue declarada Patrimonio Universal de la Humanidad en 1993 por la Unesco. Se encuentra a 28 km de Encarnación. Es el testimonio patrimonial más acabado de las treinta reducciones jesuíticas y la más visitada. Cuenta con una plaza, un gran templo con su pila bautismal, púlpito y pórtico de la sacristía, una casa de indios, un colegio, talleres, cementerio, huerta y un museo que guarda esculturas y otros ornamentos.
  • Santa María de Fe. La reducción de Santa María de Fe lleva el nombre de la ciudad donde está asentada, a 240 km de Asunción. Fue fundada en 1647. Tiene un museo en un edificio construido en adobe del tiempo de las reducciones. Se encuentran allí tallas sacras de mucho valor.
  • Santa Rosa de Lima. Fundada en 1698, Santa María de Lima se encuentra a 248 km de Asunción. Cuenta con imponentes casas de indios, convertidas en comercios; un campanario de la época, construido en piedra roja; y la famosa Capilla de Loreto, con sus tallas y murales de gran valor.

La Compañía de Jesús estableció estas reducciones dentro de las llamadas conquistas espirituales, constituyéndolas como refugios para los indígenas  ya que en la selva eran presa fácil para los colonizadores Cada una contaba con un colegio, un templo muy espacioso, talleres, casas de indios y la tierra de Dios.

Después de la guerra provocada por el Tratado de Madrid de 1750, en 1768 vino la  orden del rey Carlos III de expulsión de los Jesuitas de todos los territorios que pertenecían a España. La orden abandonó el Paraguay y regresó en 1927, a  pedido del Monseñor Sinforiano Bogarín.